Por ser hijo del vientono detienes tu camino
a pesar del aullido de la noche,
del amor, del trino,
de la soledad luciérnaga
y del tiempo.
Por orfandad de albas,
mina, incienso, motivas
del andar ninguna estancia
y no quieres ser lucero, agua,
nieve, silencioso torrente, catarata.
Por no ser quien amanezca en mi mesa
hoy rubricas un adiós de despedida.
Elisabet Cincotta
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