
Las manos buscaron, al tanteo,
la rosa de este invierno.
El cuerpo venció el pudor con gemidos
cuando redondeaste cada ángulo, perverso,
y miré la sombra de la luna
mientras palpabas a Rigel en mi nuca.
De espaldas al universo
capturé el placer entre pupilas
y amanecí violetas en tus palmas.
Descubierta.
Elisabet Cincotta
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