
Para qué romper añicos
si ya están rotos,
dormir sedientos de olvidos
el insomnio de la pérdida.
Para qué llorar rincones de pasado
si ya nada será igual.
Para qué caminar desnuda
en un día de lluvia
si la gota fría no congelará
el recuerdo.
Y vos...
y yo...
estaremos en el mismo bar
con el mismo café, sintiendo aquello
que ya no es.
Tenés razón, che... para qué
Elisabet Cincotta
23/07/2007
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